jueves, 26 de marzo de 2015

Un esquema para trabajar


Un preámbulo.

Vivimos en un Estado Constitucional. La Constitución Española de 1978 establece los derechos básicos y las reglas de funcionamiento esenciales del sistema político y las directrices sociales de nuestra comunidad política.
Sobre ese documento legal y la práctica política que genera, podemos preguntarnos si es metafísicamente neutro o no lo es. Es decir ¿es nuestro sistema político metafísicamente neutro?
La pregunta es importante porque dependiendo de la respuesta, las políticas y la legislación que se considere legítima, podría variar. Esto ha hecho que una autora relevante como Marta Nussbaum haya defendido, frente a autores liberales como Berlin o J. Raz, el “liberalismo político” de Rawls y Larmore. Aquí, “liberalismo político” sería el correlato de “Estado neutral”; mientras que “liberalismo perfeccionista” los ería de Estado parcial a favor de ciertos valores liberales. Nussbaum argumenta que el liberalismo ha de mantener una posición neutral entre doctrinas metafísicas (cosmovisiones religiosas, filosóficas, etc.). Esto eludiría el “perfeccionismo”, esto es, la subordinación de la política a valores específicamente liberales (como la autonomía o el pluralismo) en tanto que considerados más justificados que cualesquiera otros y tomados como los únicos que legítimamente pueden cimentar una sociedad democrática.
Esa forma de liberalismo perfeccionista ha de evitarse porque excluiría, por así decir, a todos los no-liberales; y podrían justificar imposiciones políticas a todos, en nombre de unos valores que quizá no todos compartan.

La cuestión filosófica.

Por tanto el dilema es algo así: o un liberalismo político, base de una política metafísicamente neutral, es posible, o debemos estar dispuestos a defender alguna forma de perfeccionismo, lo que incluye la imposición de restricciones políticas en nombre de valores no compartidos por todos los sujetos. Esto expresa la relevancia de la cuestión de si nuestro sistema político es, o puede ser, metafísicamente neutro. 

Ahora bien, para responder a esa pregunta es necesario aclarar:

Qué implicaría la neutralidad metafísica del Estado. Para esta aclaración una analogía posible es la del juez neutral. ¿Cómo ha de ser un juez para poder decir que es neutral? Pero esto es discutible. El juez tiene un marco de referencia (unas reglas del juego que aplicar), pero el Estado no las tiene, sino que es la institución que las establece (al menos las de rango menor a la constitución).
Esto nos lleva a la siguiente cuestión: en qué nivel se situaría la neutralidad del Estado, y qué problemas tiene en ese nivel.
Antes de analizar si en ese nivel es posible ser neutral, como lo puede ser un juez, convendría aclarar algunos conceptos que emplean los autores que creen que es posible un liberalismo político:
            La diferencia entre consenso y modus vivendi. Se supone que un liberalismo político se basa en un consenso, no supone un mero modus vivendi. Esto conecta con la idea de que una sociedad liberal es, de algún modo, una comunidad. Sus miembros no solo viven unos al lado de otros, sino que comparten un mundo de  significados comunes.
            Cómo se caracteriza la autonomía política. Se supone que un liberalismo político respeta la autonomía de los ciudadanos (por eso evita el perfeccionismo), pero eso no puede implicar un compromiso con el valor de la autonomía como valor moral, o elemento necesariamente valioso en la vida de la gente. Ese tipo de compromisos precisamente introducirían doctrinas metafísicas. Entonces ¿qué respeta exactamente una política que respeta la autonomía de la gente?
            Cómo caracterizar a las doctrinas razonables, ya que es obvio que la neutralidad no significa indefensión de la sociedad. Hay doctrinas o actitudes que no podrían tolerarse. ¿Cuáles son y por qué?

Una vez aclarado qué es y qué implica un Estado neutral, y los conceptos anteriores, creo que podemos valorar la tesis de Rawls-Nussbuam. Ellos defienden que un Estado liberal (1) respeta la autonomía, (2) se basa en un consenso y (3) es neutral entre las visiones metafísicas de los ciudadanos razonables.

Esta tesis puede criticarse de dos formas:
Bien mostrando que implica algún error lógico o epistémico: hay algo circular, o alguna premisa inexplicada, o algo incoherente. Tratándose de política, no es exigible un nivel de precisión o coherencia análogo al de una teoría matemática; y en consecuencia, la crítica tampoco necesita mostrar de modo irrefutable los fallos lógicos. Basta con que tengamos podamos mostrar que el argumento tiene debilidades o paradojas, u oscuridades tales que no logra convencernos del todo.
 Bien mostrando que es impracticable. Y esto puede ser por varias razones, que a su vez se pueden clasificar en dos tipos:
Hechos recalcitrantes. La vida política y social nos pone ante realidades que no encajan en este esquema de neutralidad estatal. Y ante estos hechos la sociedad ha de arbitrar medidas contingentes no acordes con el esquema consenso-autonomía-neutralidad. Por ejemplo, una comunidad podría quedar excluida del consenso social, pero aún así ser tolerada con ciertos límites (como el caso de comunidades indígenas en América). Hay muchas razones de este tipo: relacionadas con las diferencias/progreso moral; relacionadas con las relaciones internacionales; con el uso de la fuerza; etc.
Error conceptual. El esquema podría ser impracticable porque se basa en conceptos erróneos. Si en la aclaración inicial hemos llegado a la conclusión de que la autonomía política es x, pero se puede demostrar que el esquema se basa en un concepto de autonomía que es y, entonces el esquema se basa en un error. Dicho de otra forma, quizá se está describiendo como neutralidad lo que es otra cosa. Aquí juega un papel fundamental lo que hayamos descubierto que implica la neutralidad del Estado. Quizá esa neutralidad implica necesariamente asumir visiones sobre el ser humano, la sociedad, la felicidad, que no pueden ponerse en cuestión. Y entonces la neutralidad no sería tal. Lo que se presenta como neutralidad siempre contiene una opción metafísica.

Hay dos conclusiones posibles:
Si el liberalismo político y la neutralidad de un Estado liberal son posibles (Nussbuam tiene razón), habría que explicar cómo y con qué límites –y quizá ahí matizar algo la posición de Nussbaum, como ella misma hace con la Rawls.
Si el liberalismo político y la neutralidad de un Estado liberal no son posibles, habría que explicar por qué y qué alternativas quedan. Podemos quedarnos con esta conclusión negativa, lo que implicaría conceder tácitamente que el liberalismo perfeccionista es la única forma del liberalismo política posible. O bien intentar una conclusión intermedia: aceptar que las críticas de Nussbaum al liberalismo perfeccionista son irrefutables, y, ante la imposibilidad de un liberalismo político, proponer una “tercera vía”. Esto tendría que tomar la forma de algo basado en el liberalismo político pero reconociendo compromisos axiológicos necesarios –que podrían ser perfeccionistas en algún nivel, o bien pretender no ser perfeccionistas (porque son de tal tipo que no implican la obligación para todos de adoptar un modelo de vida determinado, sino que son valores “en otro nivel”, que simplemente han de ser supuestos en todo caso). O bien basado en el liberalismo perfeccionista, pero limitando las ambiciones perfeccionistas, por ejemplo con excepciones o cautelas que podríamos llamar políticas.
Lo que me imagino es, o bien defendemos el liberalismo político pero hay que reconocer que no es tan neutral; o bien defendemos el perfeccionismo liberal, pero con límites éticos (es decir, limitaciones irracionales desde un punto de vista, pero que respetaríamos para no causar daño innecesario, o en consideración a los fines prácticos de las personas y la propia sociedad).
Hay que observar que alguna versión de la conclusión negativa, podría casi coincidir con alguna versión matizada de la conclusión positiva.  Esto es un problema sólo ahora; si hacemos un análisis completo  la duda debe quedar despejada.


Finalmente podríamos aplicar la conclusión a nuestro sistema político. 

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