En esta entrada se exponen las diferencias entre Modus
Vivendi y Overlapping Consensus o
Consenso Solapante. Se pretenderá encuadrar en su contexto estas diferencias y,
finalmente, se expondrá cómo ha evolucionado el debate desde Rawls, que fue el
primero en atender a dichas diferencias, hasta el debate entre Kymlicka y
Moller Okin, pasando por la corrección de Nussbaum a la postura de Rawls.
1.
El
marco: Una sociedad liberal
Dentro del debate en torno a las sociedades liberales se
plantea la cuestión de si estas sociedades democráticas han de tener un ideal
de vida buena. Las respuesta a esta cuestión va a ser la que diferencie dos
posturas clave: el liberalismo
perfeccionista, que afirma que necesitamos un ideal de vida buena al que
aspirar, y el liberalismo político,
defendido por autores como Rawls y Nussbaum, que niega que necesitemos dicho
ideal y defiende la convivencia entre distintos ideales de vida buena sin
priorizar ninguno de ellos.
Una de las características de estos estados liberales es
la del pluralismo, que consiste en
dar cabida dentro de una misma sociedad a distintos ideales de vida buena. Por decirlo de otro modo, una sociedad plural
debe, en principio, garantizar la neutralidad del estado ante distintos puntos
de vista o religiones, o ideales metafísicos dentro de su sociedad sin
priorizar ninguno.
Si negamos el pluralismo, estamos diciendo que algunos
miembros de nuestra sociedad plural están equivocados, y el problema de negar
la verdad del pluralismo es que se puede crear cierta desestabilidad dentro de
un mismo estado. Podemos situar el origen del consenso por solapamiento en la
tolerancia generada tras los conflictos de las Guerras de Religiones. Tras
muchos conflictos, se aprendió que era inútil tratar de convertir al otro a
nuestra fe y se aceptó una concepción política de un régimen constitucional que
no pudiera descansar en ninguna fe. El problema de esta tolerancia era que,
descansaba en la premisa de una convivencia en la que se tolera a los demás,
pero no se creía la validez de su verdad, es decir, si no se cree que otras
posiciones religiosas o metafísicas son realmente tan verdaderas como la mía,
existe el riesgo de intentar convencer o presionar a las contrarias para intentar
alcanzar un modelo de vida determinado, lo cual acabaría con las sociedades
plurales y encajaría dentro de un liberalismo perfeccionista. Por lo tanto, esa
tolerancia o aceptación del resto de doctrinas no puede ser un simple modus vivendi, no puede quedarse solo en
mera convivencia, tiene que reconocerse la verdad del resto de doctrinas. Ese
paso más allá es lo que entenderá Rawls como consenso solapante.
2.
¿Qué
diferencia al Modus Vivendi del Consenso por solapamiento?
El
Modus Vivendi, que
podríamos definir como una posición de tolerancia en la que simplemente se
toleran las creencias metafísicas y religiosas de los demás, no es suficiente
para resolver el problema de la estabilidad mencionado en el punto 1. Rawls
tiene que dar un paso más en su concepción política, para ello introduce la
idea de consenso por solapamiento. El consenso solapante es definido por Rawls
en Liberalismo Político y consiste en
que todas las doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables que tienen
posibilidad de persistir durante generaciones lleguen a un acuerdo para
establecer cuáles son los principios de justicia que deben regir una sociedad.
No obstante, para entender lo que significa la idea de
consenso por solapamiento, Rawls contrasta esta idea con la de otra forma de
acuerdo ya citada en esta entrada, el modus
vivendi. Rawls afirma que la única objeción a su teoría es que se apela a
un consenso basado en el interés propio en lugar de basarlo en los principios
de justicia. Un consenso social basado en un modus vivendi ocurre cuando varias posiciones encuentran un lugar
para sus propios intereses dentro de las condiciones de un contrato social. El
problema es que tal acuerdo tiene un error de origen que es que las partes del
contrato están listas para abandonar el acuerdo y perseguir su propio interés
en el momento en el que cualquiera de ellos piense que puede tener una mejor
posición con respecto a otra. El
consenso por solapamiento se diferencia del modus vivendi en dos
aspectos:
•
El primero es que
el objetivo del consenso por solapamiento es una concepción moral. “Puede
parecer que la aceptación pública de la justicia como imparcialidad no es más
que prudente; que aquellos que afirmen esta concepción, lo hacen simplemente
como un modus vivendi (…). La justicia como imparcialidad política
es una concepción moral”[i].
•
El
segundo aspecto es que el consenso por solapamiento, además de ser una
concepción moral, está basado en principios morales y no en el propio interés,
consiste en considerar a los demás como ciudadanos razonables.
3.
El
Consenso por solapamiento en Nussbaum
Martha Nussbaum en Perfectionist
Liberalism and Political Liberalism, se apoya en Rawls para defender su
postura. Para Nussbaum, la tolerancia o el mero modus vivendi puede dar lugar a inestabilidad.
En este debate entran también las posturas del pluralismo
débil, que contra la idea de aceptar todas las formas de vida como verdaderas
lo que se afirma es que, aunque eso ocurra, nuestras propias visiones son más
valiosas para nosotros que las del resto.
No obstante en sociedades plurales se pueden dar
desacuerdos razonables en los que con respecto a un tema dos posturas se
encuentren defendiendo algo distinto. La solución de Rawls, según Nussbaum, es
el método de evitación que consiste en no utilizar argumentos cargados
metafísicametne cuando el debate sea político. Nussbaum denuncia esa idea y le
parece que se corre el riesgo de no tolerar el desacuerdo razonable y acabar
por caer en un liberalismo perfeccionista en el que se espere una postura
verdadera en dichos conflictos en lugar de aceptar las dos posturas como
verdaderas.
Para Nussbaum hay que respetar a los ciudadanos y
ciudadanas y eso es algo ético, aceptar las posturas razonables de los demás
sin esperar que haya una verdad más allá a la que aspirar.
4.
Otras
perspectivas: Kymlicka y Moller-Okin
Para Kymlicka, el problema de Rawls es que no aclara por
qué un estado liberal debería dar prioridad a los derechos civiles y no a las
minorías, Kymlicka propone un tipo de liberalismo comprehensivo.
Una posición de corte liberal como la de Kymlicka,
sostiene la necesidad de considerar derechos específicos para las minorías, ya
que la experiencia histórica ha demostrado que desde una concepción basada
exclusivamente en los derechos humanos, las minorías culturales se han hecho
vulnerables a injusticias y, en vez de llegar a la solución de los conflictos
etnoculturales, los han agravado. Esto querría decir en principio, que la
existencia de un pluralismo razonable el cual puede subsistir sobre el respeto
de las libertades básicas planteadas por Rawls, no es garantía para el tratamiento
diferencial que requieren dichas minorías. Según Kymlicka, persiste la
necesidad de complementar los principios tradicionales de los derechos humanos
con una teoría de los derechos de las minorías que no entre en contradicción
con aquellos.
Por otra parte la crítica, a mi juicio, más potente
es la expuesta por Susan Moller Okin en ¿Es el multiculturalismo malo para las
mujeres? El problema que plantea Okin es la confrontación entre el
multiculturalismo y el feminismo. Feminismo, dice Okin, significa que las
mujeres no deben tener desventahas por su sexo. Multiculturalismo, según Okin,
es el reclamo en el contexto de libertades democráticas básicas, de culturas
minoritarias o maneras de vida no suficientemente protegidas en la práctica de
asegurar el ejercicio de los derechos individuales de sus miembros; como
consecuencia de lo anterior deben ser protegidos por derechos de grupo. El
problema es que la mayoría de las culturas están colmadas de prácticas e
ideologías referidas al género y, en la mayoría de las ocasiones, son prácticas
sexistas. En palabras de Okin:
<< La mayoría de las culturas son
patriarcales y muchas de las minorías culturales que reclaman derechos de
grupo, son más patriarcales que las culturas que los rodean>>[ii].
Okin pone varios ejemplos en los que algunas
minorías fundamentan su defensa de prácticas sexistas en que son culturales y
necesarias para la pervivencia de la cultura.
No obstante Kymlicka considera que las culturas que
discriminan abierta y formalmente a las mujeres no se merecen los derechos de
minorías, algo que podríamos deducir también de la teoría de Rawls y Nussbaum,
el problema es que en muchas culturas el control ejercido sobre las mujeres es
ejercido en la esfera privada y en ocasiones no es apreciable en la esfera
política.
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