jueves, 5 de marzo de 2015

Charles Taylor: ¿Cuál es el problema de la libertad negativa?

[Trabajo expuesto en clase]

Este trabajo de Charles Taylor pretende mostrar las limitaciones de la libertad negativa. Parece que para un buen entendimiento de este capítulo, es necesario un estudio del artículo de Isaiah Berlin, titulado “Dos conceptos de libertad”. Durante este capítulo, Taylor plantea distintas cuestiones, mediante las que entra en diálogo con la postura de la libertad negativa. Además, creo que conviene tener en cuenta que en el desarrollo de este capítulo hace alusión a un concepto que parece ser suyo propio, el concepto de evaluación fuerte, que desarrolla para mostrar algunos de los problemas de la libertad negativa. Me parece conveniente exponer primeramente su conclusión, para así poder analizar más fácilmente desde esta óptica el desarrollo del texto.
Su conclusión se puede estudiar en tres partes: (1) su entendimiento de “libertad” tiene sentido en un marco de objetivos más o menos significativos; la realización o falta de libertad está ligada a la realización o frustración de dichos objetivos. (2) Estos objetivos pueden, además, frustrarse por los deseos, sobre todo, cuando estos están basados en una apreciación errónea o los vivimos como impedimentos. Estos serían los obstáculos internos. Y (3), por tanto, la libertad del hombre puede ser obstaculizada por motivos externos e internos, en contra de Hobbes y la teoría de la libertad negativa.
Desde este prisma analicemos ahora el cuerpo del texto.

Taylor comienza haciendo alusión al artículo de Berlin, como hemos dicho antes. Lo hace con la intención de introducir dos definiciones de libertad: la de libertad positiva y la definición de libertad negativa. Las teorías que “quieren definir la libertad exclusivamente en términos de la independencia del individuo con respecto a la interferencia de los otros”, serían las teorías que se relacionan con la libertad negativa; y las teorías que “creen que la libertad consiste, al menos en parte, en el control colectivo de la vida en común”, serían las teorías que se relacionan con la libertad positiva.  Taylor parece defender que aquellos que critican la concepción positiva de la libertad, suelen tener en mente el comunismo oficial, según el cual sería lícito la destrucción de las libertades burguesas y la coacción, a favor de instaurar una sociedad sin clases, que garantice la libertad de los hombres. Para Taylor, esto es una caricatura absurda y una crítica muy tosca. Para argumentar esto pone el ejemplo de la antigua tradición republicana y de pensadores como Tocqueville y John Stuart Mill, que se sitúan dentro de la concepción positiva de la libertad.

Expone que también hay versiones caricaturescas de la libertad negativa, por ejemplo la del pensador Hobbes, que concibe la libertad como la mera ausencia de obstáculos externos materiales. Y es en este momento, cuando Taylor comienza su análisis de la libertad negativa. Recurre de nuevo a Isaiah Berlin; cito textualmente:

Isaiah Berlin señala que las teorías negativas se preocupan por el ámbito dentro del cual el sujeto debería moverse sin interferencias, mientras que las doctrinas positivas se interesan en la identidad de los individuos o las instancias que ejercen el control. Me gustaría plantear esa misma observación de una manera ligeramente diferente. Las doctrinas de la libertad positiva se interesan en una visión de la libertad que implica en esencia el ejercicio del control sobre la propia vida. Según esa visión, uno sólo es libre en la medida en que se ha autodeterminado efectivamente y ha dado forma a su vida. En este caso, el concepto de libertad es un concepto de ejercicio. En contraste, las teorías negativas pueden apoyarse simplemente en un concepto de oportunidad, en el cual el hecho de ser libre tiene que ver con lo que podemos hacer, la posibilidad que se nos abre para hacer algo; poco importa que hagamos uso o no de ella…Sin embargo, es preciso decir que las teorías negativas pueden apoyarse en un concepto de oportunidad, pero no se trata de una necesidad ineludible… debemos tener en cuenta las que incorporan una idea de autorrealización. [1]

Creo poder ver aquí hacia dónde se inclina Taylor. Parece presentar la libertad positiva de forma distinta a Berlin y, además, comienza viendo las limitaciones de la libertad negativa. Empieza a analizar las concepciones que incorporan la idea de autorrealización; aquellas que incorporan esta idea, no pueden apoyarse sólo en la idea de oportunidad, sino que podríamos, incluso, decir que si alguien no se ha realizado en absoluto, no es realmente libre. Se plantea, pues, una paradoja: para un mínimo de autorrealización hace falta un mínimo de ejercicio. De modo que, en el caso de la libertad de autorrealización, para tener la oportunidad de ser libre, debo ejercer ya la libertad. Sin embargo, existe una diferencia esencial: si las teorías negativas pueden fundarse en un concepto de oportunidad o de ejercicio, las teorías positivas están esencialmente fundadas en un concepto de ejercicio.
Dejando de lado esta paradoja y la percepción del autor acerca de que parece ser de sentido común la posición a favor de la libertad negativa, pasamos a lo esencial del texto, con la intención de no alargar en exceso la ponencia. Volvamos al concepto de autorrealización y a la aceptación de una idea de ejercicio en la concepción negativa de la libertad. Dice Taylor:

Una vez que adoptamos una concepción en términos de autorrealización, e incluso cualquier concepto de la libertad como ejercicio, el hecho de poder hacer lo que queramos ya no es aceptable como condición suficiente para ser libres… el objeto de nuestra discusión aquí es indicar que para un concepto de la libertad como ejercicio, el hecho de ser libre no puede reducirse a la cuestión de hacer lo que uno quiere de una manera no problemática. También es preciso que lo que uno quiere no vaya en desmedro de sus objetivos fundamentales o su autorrealización… el sujeto mismo no puede ser la autoridad final. [2]

En este momento, Taylor ya comienza con su estrategia de pregunta-respuesta, para simular un debate-diálogo con la concepción de la libertad negativa. En la cita textual anterior, Taylor parece dejar la puerta abierta a una concepción totalitaria de gobierno. Prevé lo que podrían contestar los teóricos de la libertad negativa: dado que el sujeto no es la autoridad final, podría quedar justificada la entrada de un régimen que supusiera dicha autoridad final y que podría ser totalitario. Taylor dice que no, dado que no hay por qué suponer que otro esté en mejores condiciones que yo mismo para decirme qué es lo que debo o no debo hacer. Otra alternativa al totalitarismo, podría ser la sociedad liberal actual, que valora la autorrealización y admite que dicha autorrealización pueda fracasar por razones internas, y que, además cree que, por principio, la autoridad social no es capaz de proporcionar  ninguna orientación válida, debido a la diversidad y la originalidad humanas, y que el intento de imponerlas destruiría otras condiciones necesarias de la libertad.

Taylor sigue en diálogo con la concepción de libertad negativa y reconoce que es cierto que las teorías totalitarias de la libertad positiva se basan en una concepción que implica distinguir entre motivaciones. En este momento, el autor imagina un paso de la concepción negativa a la positiva en dos fases: (1) nos traslada de una noción de la libertad, según la cual uno hace lo que quiere, a otra que discierne motivaciones y asimila la libertad al hecho de hacer lo que realmente queremos; y (2) por último, se introduce alguna doctrina con la pretensión de mostrar que, al margen de una sociedad con determinada forma canónica, no podemos hacer lo que realmente queremos o ser fieles a nuestra voluntad. Parece tentador quedarse en el primer paso. Pues Taylor defiende que esa postura es errónea: “no podemos defender una visión de la libertad que no implique al menos alguna distinción cualitativa en materia de motivos, es decir, que no imponga algunas restricciones a la motivación entre las condiciones necesarias de la libertad y, por lo tanto, pueda excluir por principio la posibilidad de que alguien se adelante al sujeto”. Es en este momento cuando Taylor expone los ejemplos del semáforo y la libertad religiosa, para hacer ver que hay restricciones triviales y otras significativas. De forma que, contra Hobbes, Taylor deduce que la libertad tendría que ser no sólo la ausencia llana y lisa de obstáculos externos, sino la ausencia de obstáculos externos a acciones significativas, que son las verdaderamente importantes para el hombre.

A estas alturas de la ponencia, me gustaría hacer ver cómo Taylor va paulatinamente caminando hacia una argumentación en contra de la libertad negativa. Nos encontramos, si recordamos su conclusión, en una primera parte de su defensa: la libertad no es sólo ausencia de obstáculos externos, sino ausencia de obstáculos externos a acciones significativas, de acuerdo, dirá ahora, a objetivos:

Aún la aplicación de nuestra noción negativa de la libertad exige entonces un marco conceptual con respecto a los actos significativos, de acuerdo con el cual algunas restricciones se consideran sin relevancia alguna para la libertad y otras se juzgan de mayor o menos importancia… La libertad es importante para nosotros porque somos seres con objetivos. En consecuencia, deben establecerse distinciones en la significación de diferentes tipos de libertad, basadas en la distanciación de la significación de diferentes objetivos. [3]
A la hora de priorizar objetivos, Taylor vuelve a recurrir a su concepto “evaluación fuerte”, esto es el hecho de que, como sujetos humanos, somos sujetos de no sólo tenemos deseos, sino deseos de deseos. Los deseos se ordenan según distinciones cualitativas. Taylor se plantea: “¿No está la libertad en juego cuando sentimos que un objetivo menos significativo nos arrastra a dejar a un lado una meta de mayor significación? ¿O cuando nos mueve a actuar un motivo que consideramos malo o despreciable?” Tras exponer varios ejemplos, Taylor deduce que hay obstáculos de la libertad que son internos y que no se puede deducir que se es libre porque no existan obstáculos externos. Es más, el hecho de hacer lo que quiero, en el sentido de seguir mis deseos más fuertes, no me garantiza mi libertad, se trata incluso de una negación de la libertad. Y ahora pregunto yo: ¿No hemos oído hablar nunca de la esclavitud de los deseos, o de la esclavitud de las pasiones? ¿No es a eso acaso a lo que se refiere aquí Taylor? En cualquier caso, hemos llegado a la tesis fundamental de Taylor, pero tan sólo a la primera parte de su conclusión.

El autor sigue en diálogo e imagina que la postura de la libertad negativa acepta esta conclusión primera y los teóricos de la libertad negativa le preguntan: ¿no se puede, entonces, mantener la tesis de que la libertad consiste en la capacidad de hacer lo que queremos, es decir, nuestro deseo, no entendido como el más fuerte, sino como el nuestro verdadero? El sujeto seguiría siendo el árbitro final de su condición de individuo libre o no libre. La libertad entonces sería la ausencia de obstáculos internos o externos a lo que verdaderamente quiero. Taylor les responde que no. Aceptar eso sería como aceptar que el sujeto nunca puede equivocarse acerca de lo que realmente quiere. Tendría que defenderse que nuestros sentimientos son datos brutos acerca de nosotros, tales como el dolor, que si siento que me duele hay dolor y si no lo siento no hay dolor. Sin embargo, Taylor mantiene que muchos de nuestros sentimientos y deseos no son datos en bruto. Por tanto, esta idea no funcionaría. Taylor pone varios ejemplos para defender esto (pp. 274-275).

Sigue en diálogo imaginario y se plantea: “¿cómo podemos sentir que un deseo atribuido de importancia no es verdaderamente nuestro?” Pone ejemplos de placeres o deseos que al perderse, aunque fueran considerados importantes, no se pierde ningún bien. En este sentido es posible concluir que existen deseos atribuidores de importancia que son erróneos, pues no nos aportan nada esencial en nuestra vida y el perderlos no supondría perder nada importante. Si fueran sólo deseos en bruto, no podríamos decir esto. Por tanto, en este momento se llega a la segunda parte de la conclusión. Cito textualmente a Taylor:

Así, podemos vivir algunos deseos como impedimentos porque podemos sentir que no nos pertenecen. Y podemos sentir que no nos pertenecen porque constatamos que suponen una apreciación muy errónea de nuestra situación y las cosas importantes para nosotros. [4]
Hasta aquí la utilización de Taylor de su concepto “evaluación fuerte”. Demostrado, pues, que existen deseos internos que pueden impedirnos ser libres realmente y demostrada, además, la dificultad, en ocasiones, de dominarlos o de identificar cuál de ellos es el deseo verdadero, la visión negativa sumaria de la libertad, la definición hobbesiana, es insostenible. Se llega, pues, de esta forma, a la tercera parte de la conclusión, ya manifestada al inicio de la ponencia con la intención de que nos sirviera de guía.

Y ahora, cito textualmente, lo que puede ser una conclusión completa, por parte del propio autor:
La libertad no puede ser la mera ausencia de obstáculos externos, porque también hay barreras internas. Y tampoco es posible limitar estas últimas a las que el sujeto identifica como tales, lo cual lo erigiría en el árbitro definitivo; en efecto, el sujeto puede estar profundamente equivocado con respecto a sus objetivos y a lo que quiere repudiar. Y de ser así, es menos capaz de libertad en el sentido significativo de la palabra. Por lo tanto, no podemos sostener la incorregibilidad de los juicios del sujeto acerca de su libertad o excluir la posibilidad de que otros sepan más que él al respecto, como dijimos antes. Al mismo tiempo, nos vemos en la obligación de desechar la idea de que la libertad es un puro concepto de oportunidad.

Pues la libertad supone ahora, además de un camino libre de obstáculos externos, la capacidad de reconocer adecuadamente mis objetivos importantes y de superar o al menos neutralizar mis impedimentos motivacionales. Pero es evidente que la primera condición (y yo sostendría que también la segunda) me exige haberme convertido en algo, haber alcanzado cierto estado de percepción y comprensión de mí mismo. Debo ejercer una verdadera autocomprensión para ser real o plenamente libre. Ya no puedo entender la libertad como un mero concepto de oportunidad.

En las tres formulaciones del problema: la oposición entre concepto de oportunidad y concepto de ejercicio, la cuestión de si la libertad exige discriminar entre motivaciones y la cuestión de si admite la posibilidad de que otro sepa más que el propio sujeto, la concepción negativa extrema se demuestra errónea. La idea de sostener una Línea Maginot de defensa de este concepto hobbesiano es descaminada no sólo porque supone abandonar parte del terreno más estimulante del liberalismo, interesado en la autorrealización individual, sino también porque la línea resulta ser insostenible. El primer paso de una definición hobbesiana a una noción positiva, a una visión de la libertad como la aptitud de cumplir mis objetivos –una libertad tanto más grande cuando más significativos son estos-, no puede dejar de darse. [5]




[1] Pag. 260 del texto que nos ocupa.
[2] Pag. 263-264.
[3] Pag. 268.
[4] Pag. 276.
[5] Pag. 280-281.

1 comentario:

  1. Es un resumen muy completo. Muchas gracias.
    Quizá comete Taylor el error de no distinguir siempre entre libertad política y libertad en un sentido más general. Es obvio que muchas veces no "nos sentimos libres" a pesar de gozar de libertad política/civil. Hay infinidad de cosas no prohibidas o no ilegales que sin embargo nos es imposible hacer.
    Habría que precisar cuándo esas menores oportunidades, o límites a la libertad percibida, son políticamente relevantes. Por ejemplo, si tengo vértigo no soy libre de asomarme a una terraza muy alta; o si tengo pánico a los aviones, no me siento libre para volar. Pero esas limitaciones (a mis posibilidades de acción debidas a obstáculos internos) no tendemos a verlas como mermas de mi libertad política. Sin embargo, las limitaciones impuestas por mi educación o mi situación económica, sí se ven a veces como obstáculos de naturaleza política, aunque no adoptan la forma de prohibiciones.
    Pero falta un análisis de la relación entre las percepciones internas de libertad y la noción de libertad política relevante. Pienso en esto. Imaginemos que dos personas con una situación socio-económica similar, tienen deseos muy diferentes. Una es frugal, disfruta de los paseos por los parques públicos y desea vivir en un apartamento pequeño; otra ha desarrollado un gusto por el lujo, le gusta pasear a caballo y navegar, y desearía vivir en una mansión con jardín y piscina. La primera no ve graves obstáculos para vivir justo como desea, y se siente libre. La segunda percibe su situación como un obstáculo a su libertad. Puede percibir incluso que la ausencia de escuelas públicas de equitación o navegación limita severamente las opciones de la gente y, por tanto, limita su libertad. Esta persona puede sentirse "obligada" a vivir en un apartamento cuando desearía hacerlo en una casa; obligada a simplemente pasear cuando desearía cabalgar.
    Podemos pensar que la primera persona ha racionalizado una situación social injusta, en al que ella no es libre (tiene una falsa conciencia de libertad). O bien podemos pensar que la segunda ha desarrollado deseos caprichosos que no son políticamente relevantes y, por tanto, que no es menos libre por no poder satisfacerlos.

    Este ejemplo muestra, creo, una dificultad que no sé si Taylor supera: hace falta un criterio (¿objetivo?) para señalar qué deseos son razonables, o importantes, etc., Y es difícil ver cómo hacer esto sin poder ser acusados de estar introduciendo junto a la idea de libertad una idea de vida buena.

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